jueves, enero 22, 2015

DONDE ESCONDIERON LA FELICIDAD...?


Un poco antes de que la humanidad existiera, se reunieron varios duendes para hacer una travesura. Uno de ellos dijo:
- "Debemos quitarles algo, pero, ¿qué les quitamos?".
Después de mucho pensar uno dijo:
- "¡Ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la puedan encontrar".
Propuso el primero:
- "Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo", a lo que inmediatamente repuso otro:
- "No, recuerda que tienen fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está".
Luego propuso otro:
- "Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar", y otro contestó:
- "No, recuerda que tienen curiosidad, alguna vez alguien construirá algún aparato para poder bajar y entonces la encontrará".
Uno más dijo:
- "Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra".
Y le dijeron:
- "No, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien va a construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad".
El último de ellos era un duende que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás duendes. Analizó cada una de ellas y entonces dijo:
- "Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren".
Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono:
- "¿Dónde?".
El duende respondió:

- "La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán".

Todos estuvieron de acuerdo y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo.

miércoles, enero 21, 2015

CONSEJOS

1. Desaparece de tu mente todos los números no-esenciales. Esto incluye tu Edad, Peso y Altura. Deja que tu médico se preocupe por ellos, para eso le pagas.
2. Mantén solo amigos alegres. Los cascarrabias te detienen, si realmente necesitas uno, probablemente tengas un miembro de tu familia que pueda llenar esa necesidad.
3. Continua aprendiendo. Aprende más sobre la Computadora, Manualidades, Jardinería, lo que sea... Nunca dejes al cerebro ocioso, un cerebro ocioso es morada del demonio... y el nombre de ese demonio es Alzheimer.
4. Disfruta las cosas simples. Cuando tus hijos son pequeños, son pocos lujos los que te puedes dar. Cuando están en la Universidad, son pocos lujos los que te puedes dar. Cuando se han ido y estas retirado, son pocos lujos los que te puedes dar.
5. Ríe mucho, largo y tendido. Ríe hasta que se te vaya el aliento. Ríe tanto que la gente te pueda encontrar en un lugar distinguiendo tu risa.
6. Llora cuando haya que llorar... Las lágrimas son naturales, súfrelo, laméntalo, recuérdalo y luego sigue adelante. La única persona que estará con nosotros toda nuestra vida, seremos nosotros mismos.
7. Rodéate de lo que quieres, ya sea de tu familia, mascotas, recuerdos, música, plantas, hobbies, lo que sea... Tu Casa es tu refugio.
8. Celebra y disfruta tu salud, cuida de ella. Si es buena, consérvala. Si es inestable, mejórala. Si está más allá de cualquier mejora, pide ayuda.
9. No te enrolles en un viaje de culpa... lo que pasó, ya está en el pasado. Toma mejor un viaje a otro país, al centro comercial o a un pueblo cercano, pero NO adonde te lleve la culpa.  No te arrepientas de nada. Aprende de la experiencia y sigue adelante.
10. Dile a las personas que amas, que las amas, en toda oportunidad.
Recuerda, la Vida no se mide por el número de respiros que damos, sino por los momentos que nos quitan el aliento.
Cada minuto de enojo son sesenta segundos perdidos de felicidad.

miércoles, marzo 19, 2014

martes, marzo 18, 2014

lunes, julio 08, 2013


 

Esto también pasará!

 
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: - Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...

Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía “ESTO TAMBIÉN PASARA”.

Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: -Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

-¿Qué quieres decir? –preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

-Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero. El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo:

-Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

 

martes, febrero 07, 2012

Los dos sacos...!

Hay una antigua leyenda acerca de tres hombres, cada uno de los cuales, cargaba dos sacos, sujetos a sus cuellos, uno al frente y el otro a sus espaldas. Cuando al primero de ellos le preguntaron que había en sus sacos, el dijo: "Todo cuanto de bueno me han dado mis amigos se halla en el saco de atrás, ahí fuera de la vista, y al poco tiempo olvidado." El saco de enfrente contiene todas las cosas desagradables que me han acontecido y, en mi andar, me detengo con frecuencia, saco esas cosas y las examino desde todos los ángulos posibles. Me concentro en ellas y las estudio. Y dirijo todos mis sentimientos y pensamientos hacia ellas. En consecuencia, como el primer hombre siempre se estaba deteniendo para reflexionar sobre las cosas desafortunadas que le habían sucedido en el pasado, lo que lograba avanzar era muy poco. Cuando al segundo hombre le preguntaron qué era lo que llevaba en sus dos sacos, el respondió: "En el saco de enfrente están todas las buenas acciones que he hecho. Las llevo delante de mí y continuamente las saco y las exhibo para que todo mundo las vea. Mientras que el saco que llevo atrás, contiene todos mis errores. Los llevo consigo a dondequiera que voy. Es mucho lo que pesan y no me permiten avanzar con rapidez, pero por alguna razón, no puedo desprenderme de ellos." Al preguntarle al tercer hombre sobre sus sacos, él contestó: "El saco que llevo al frente, está lleno de maravillosos pensamientos acerca de la gente, los actos bondadosos que han realizado y todo cuanto de bueno he tenido en mi vida. Es un saco muy grande y está lleno, pero no pesa mucho. Su peso es como las velas de un barco "lejos de ser una carga" me ayudan a avanzar. Por su parte, el saco que llevo a mis espaldas está vacío, pues le he hecho un gran orificio en el fondo. En ese saco, puse todo lo malo que escuché de los demás así como todo lo malo que a veces pienso acerca de mí mismo. Esas cosas se fueron saliendo por el agujero y se perdieron para siempre, de modo que ya no hay peso que me haga más penoso el trayecto." Para reflexionar: ¿Cual es el "saco" que llevo frente a mi y cual es el saco que llevo a mis espaldas? ¿En que tipo de reflexiones me mantengo? ¿Existe algún agujero en alguno de mis sacos? ¿En cual?

miércoles, diciembre 28, 2011

FELIZ AÑO NUEVO PARA TOD@S...!

Dentro de poco le estaremos diciendo adiós a otro año. Un año que ha estado lleno de acontecimientos trágicos y que parece querer ser duro hasta el fin. En fin de año, cuando comiencen a sonar las campanadas, detengámonos a pensar por un instante en lo que esperamos para el ciclo que vendrá. Una vez más, en los últimos minutos del año y por cada uva masticada con prisa, nos formularemos una lista de objetivos y buenos propósitos. De nuevo intentaremos pactar con nosotros mismos, cambiar aspectos de nuestra vida que necesitan renovarse desde hace tiempo. Entre las burbujas del cava veremos brillar nuestras ilusiones. Pero quizás la partida de este año que no ha tenido piedad nos ayude a reflexionar sobre nuestros deseos. Puede que al echar un vistazo a los meses que estamos dejando atrás, nuestro corazón sepa apreciar las cosas que importan y nuestras peticiones no se centren en cuestiones materiales. Prometámonos esas cosas sencillas que nos dejan mejor sabor que el caviar: encontrarnos con aquellos buenos amigos que no vemos desde hace tiempo, escuchar con cariño y atención las archiconocidas anécdotas que nuestros padres o abuelos no se cansan de repetir; estar más cerca de nuestros hijos, saludar a esa persona que solemos ignorar, recordar a nuestros cónyuges cuánto los amamos, tomarle el gusto a estar vivos.